A una mirada a la porro.
Procedemos.
Vale, recibido.
Les dicen que el individuo este ha vendido una bandera de aceite pequeña, con baquero y camisón alanto.
Ángeles Custodios
Gracias una vez más por elegirnos y por darnos la oportunidad de colarnos en tu día a día.
En esta ocasión nos vamos a situar en la noche del sábado 19 de diciembre de 2009,
una fecha que suele ser la elegida por mucha gente para celebrar las cenas de Navidad
y en la que hay más movimiento de lo habitual en una noche de sábado en las ciudades.
Nos centramos ahora en la entrada de la A6 en Madrid.
En sentido de entrada ha ocurrido un pequeño accidente a la altura del kilómetro 9.
Por suerte parece que es leve y no hay heridos, pero hay que señalizarlo para evitar males mayores.
Hasta ese punto llega Juan José Martínez Martínez y su compañero de la agrupación de tráfico de la Guardia Civil.
Como tantas veces han hecho, ya saben que hay que seguir el protocolo PASS, proteger, avisar y socorrer.
Tienen bien interiorizado el protocolo y el compañero de Juanjo se dedica a atender a la conductora,
mientras él, que se ha bajado el primero, se encarga de proteger la zona para evitar males mayores.
Y es que la agrupación de tráfico de la Guardia Civil, conocida por las siglas como ATGC,
es una de las unidades con mayor tasa de accidentes dentro del cuerpo.
Buena prueba de ello son los más de 345 fallecidos que cuenta la unidad a lo largo de su historia.
La historia de esta unidad se remonta a los orígenes del propio cuerpo.
Ya en 1845 el Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil, mostró su preocupación por la vigilancia de los caminos reales.
Con el tiempo y ante el crecimiento del transporte por carretera, se fueron creando diferentes cuerpos encargados de la seguridad vial.
En 1929 nació el cuerpo de vigilancia de caminos y en 1934 se promulgó el primer código de la circulación.
En los años 50, con el gran boom del automovilismo en España, se hizo evidente la necesidad de una fuerza especializada.
Y es así, el 26 de agosto de 1959 se creó oficialmente la agrupación de tráfico de la Guardia Civil, a la que hoy seguimos viendo día a día en nuestras carreteras.
Demostrando su peligrosidad desde el primer momento, pues en el mismo año de su fundación falleció Antonio Rodríguez Jiménez,
un alumno de 29 años que sufrió un accidente mientras realizaba prácticas en las pistas de entrenamiento de la Venta de la Rubia, en Madrid.
La misión de la agrupación de tráfico es clara. Vigilar y regular la circulación, prestar auxilio a los usuarios,
garantizar la seguridad en nuestras vías interurbanas y controlar que se cumpla la normativa sobre transporte.
Para ello, cuenta con en torno a 10.000 agentes.
Además, investigan accidentes de tráfico e instruyen diligencias, siendo pieza clave tanto en la prevención como la respuesta ante emergencias.
En cuanto a su organización, la agrupación se divide en dos grandes ámbitos.
Órgano central, con áreas dedicadas a operaciones, recursos humanos y materiales, y con su propia escuela de tráfico,
donde se forman a los agentes que patrullan las carreteras.
Y la organización periférica, desplegada por todo el territorio nacional, salvo en Cataluña y País Vasco, donde las competencias están transferidas.
Aquí encontramos tres niveles. Los sectores, que coordianan varias comunidades autónomas.
Los subsectores, que trabajan a nivel provincial. Y los destacamentos, encargados del servicio directo en la red viaria.
En definitiva, la agrupación de tráfico de la Guardia Civil no solo representa disciplina y control en carretera.
Representa, sobre todo, protección y auxilio. Porque detrás de cada uniforme hay hombres y mujeres dedicados a salvar vidas
y a garantizar que todos lleguemos a nuestro destino con seguridad.
Regresamos al sábado 19 de diciembre del 2009. Y una vez que los agentes se encuentran realizando sus labores,
el compañero de Juan José con la conductora Ilesa y él, en la mediana, realizando las labores de señalización del accidente.
Hasta ellos llega un vehículo conducido por otra conductora que no se percata de la señalización y que finalmente acaba arrollando a la gente.
El compañero solicita ayuda y hasta el lugar llegan sanitarios del SAMUR, que solo pudieran certificar la muerte del Guardia Civil, quien murió prácticamente en el acto.
Como consecuencia de los traumatismos sufridos.
La conductora de este segundo vehículo de 48 años fue trasladada al hospital 12 de octubre en estado grave.
Asimismo, los sanitarios tuvieron que prestar asistencia psicológica tanto al compañero de la agente como a la primera conductora, que presenciaron todos los hechos.
Juan José estaba casado con Beatriz de 32 años y tenía dos hijos, uno de cinco años y un bebé de tan solo ocho meses.
En una carta publicada por Beatriz comentaba cómo tuvieron que pasar cinco años desde el accidente para que la responsable del mismo se sentara ante la justicia
y se pudiera comprobar que esa noche había conducido bajo sustancias estupefacientes, que se saltó a la zona de seguridad y que no varió ni un centímetro de la trayectoria que llevaba, arrollando todo lo que se ponía por delante a 104 km por hora.
Cuenta Beatriz, también como la condena que inicialmente pendían el fiscal y el abogado de la familia de tan solo tres años de prisión, se tuvo que ver rebajada por dilaciones en el proceso judicial.
Reproducimos aquí la parte final de esta carta.
Y como poco más se pueden añadir a las palabras de Beatriz, matar a alguien en España no resulta caro si lo haces conduciendo un vehículo.
En el año 2023, por ejemplo, murieron atropelladas 353 personas en España.
Hasta aquí el episodio de hoy. Gracias por escuchar este episodio. Si te ha conmovido, si crees que esta historia merece ser recordada, compártela.
Porque la memoria de quienes dieron su vida por los demás merece estar viva.
Y porque el olvido también puede ser una forma de injusticia.
Nos escuchamos en el próximo.
Gracias por ver este episodio.